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Es cierto que no siempre es fácil perdonar a un tercero, pero ¿cuando nos toca perdonarnos a nosotros mismos?

Es importante aclarar que el perdonar es una opción y podemos tomarla o no; pero tengamos presente que el no tomarla puede tener consecuencias negativas y dolorosas que pueden ser bastante permanentes en el tiempo ya que el rencor aflorará a medida que se aleja esta opción de perdón.

Para poder acercarnos al perdón y no acumular rencores, es importante reconocer que hemos sido tratados injustamente o que nos han hecho daño y debemos expresar que sentimos dolor.
Luego podremos decidir si queremos o no perdonar ya que es una opción personal y no debemos sentirnos obligados.

Una vez hayamos decidido perdonar, iniciaremos un nuevo camino. Al perdonar retomaremos la confianza en la otra persona o en la gente en general. Si tenemos la posibilidad de retomar la relación con la persona que nos lastimó u ofendió, ambas partes estarán implicadas en el proceso y seguramente la relación se enriquecerá.

Para ayudar a que este proceso sea más fácil, es recomendable que pensemos en la persona que nos lastimó como un todo, es decir, no sólo centrándonos en aquello que nos hizo sino que evaluaremos todo lo que ella significa. Intentaremos ser lo más objetivos posible para poder llegar a entender lo que ha sucedido y no ser injustos con nuestros juicios y que el dolor se nos enquiste. Cuando realmente estemos seguros de lo que pensamos, pasaremos a expresar esos pensamientos a la persona que queremos perdonar.

A partir de aquí, debemos ser capaces de sentir que hemos perdonado y que podemos comenzar una etapa nueva en nuestra vida con la persona que nos hizo daño o continuar la vida sin ella. En ese momento sentiremos un gran alivio. El dolor que nos haya producido será ya parte del pasado y nos habrá sido útil para aprender una lección que no olvidaremos.


 
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