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La pérdida de un ser querido constituye un duro golpe para todos los seres humanos, pero cuando es un niño quien debe asimilar esta realidad, la situación es muy diferente.
El problema principal que afecta al niño es que no comprende el concepto de muerte.
Los niños en edad preescolar, no conciben a la muerte como un estado definitivo, sino como una circunstancia momentánea. No manejan categorías como “siempre” o “nunca mas” ya que comprenden la realidad mas en función de sus deseos que de la lógica. Por ello no es de extrañar, que comenten por ejemplo que su abuelo murió, pero que luego nos digan que mañana tomarán la merienda o saldrán de paseo con él.

Cuando son más grandecitos, entre los seis y diez años, el concepto de muerte ya es más realista. Es un fenómeno que saben que sucede, pero no obstante piensan que ni a ellos, ni a sus seres queridos, les va a suceder. Piensan que la muerte afecta a los extraños.

Por desgracia cuando ocurre una muerte en la familia, el niño se ve afectado, pero también los otros miembros de la familia reciben el duro golpe, ya que no solo él sino sus padres tienen que procesar el duelo. Razón por la cual no es fácil que los padres afectados puedan estar todo lo atentos que desearían en esos momentos. El ambiente familiar está afectado en su conjunto, pero, en la medida de lo posible, se debe estar pendiente de las preguntas y manifestaciones del niño.
Es importante que el niño comprenda nuestras expresiones de dolor como una manifestación natural ante la muerte de un ser querido, y de ese modo podrá también expresarse sin cohibirse o sentirse inadecuado.
Obviamente, la relación de cercanía con la persona fallecida, marca una diferencia en la expresión del duelo. Si el niño y la persona fallecida mantenían una relación estrecha y cercana, su reacción ante la pérdida será mas intensa. Muchas veces el niño, junto con la tristeza, puede expresar rabia o enojo, tal vez jugando de forma más brusca o estando más irascible que lo habitual. Puede pelearse o pegarle a sus compañeros de juego, por tonteras ya que le resulta difícil controlar y entender lo que siente.
Algunos niños, sufren de pesadillas o tienen el sueño interrumpido o manifiestan temor a la hora de ir a dormir.
En algunos casos el niño experimenta un retroceso en el proceso evolutivo, y puede manifestar conductas correspondientes a etapas superadas.
Es importante que los maestros del niño, estén enterados de lo que sucedió para que puedan estar atentos y comentar con los padres si observan cambios llamativos en la conducta del niño.
El proceso de duelo no transcurre de un día para otro, pero si las manifestaciones de duelo se sostienen por un tiempo excesivo o se agudizan con el correr de los meses, conviene realizar una consulta.
Si luego de un tiempo prolongado (mas de 6 meses) el niño continúa con pesadillas, o siente un miedo intenso cuando se queda solo o no quiere jugar o se muestra desinteresado de actividades que siempre le procuraban alegría, estamos en presencia de algún problema en la superación del duelo.
Que el niño no quiera ir a la escuela, se encuentre desmotivado y baje su rendimiento escolar es también motivo de preocupación. Del mismo modo si presenta falta de apetito, o persiste con un ánimo triste o decaído.

 
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