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La auto estima es el concepto valorativo que cada uno tiene de sí mismo. Implica el grado de aceptación de uno mismo, el valor que nos damos como seres humanos, cuanto nos queremos a nosotros mismos.
De pequeños, esta valoración proviene de las personas importantes que nos rodean, en primera instancia los padres, hermanos, el resto de la familia y a medida que crecemos los maestros y otras figuras importantes. Así vamos formando un concepto interno de nosotros mismos, que determina como nos juzgamos.
Como se puede advertir, la autoestima de un niño, es un tema que los padres deben atender, ya que una baja auto estima puede provocar un rendimiento escolar pobre o retraimiento social, inseguridad, etc. En aquellas familias en las que los errores son tomados como fallas y no como instancias de aprendizaje, el temor al fracaso comienza a imponerse, haciendo que el niño no se atreva a experimentar y espere a que las soluciones vengan de otros. En los hogares en los que por el contrario, los retos son tomados como un suceso natural en la vida, y los errores son tolerados y apreciados como oportunidades hacia un aprendizaje útil para el futuro, el niño va forjando una imagen positiva de sí mismo. Un manejo adecuado de la disciplina, con roles bien definidos le permite al niño desarrollarse en un ambiente estable y confiable que lo contiene y limita sin coartarlo.

COMO REFORZAR LA AUTOESTIMA DE SU HIJO
Señalaremos algunos aspectos importantes en la crianza de los hijos, que los ayudará a construir una imagen positiva de sí mismos.
Tener reglas claras y coherentes en la educación de los niños es fundamental, ya que de ese modo iremos permitiendo que ellos incorporen que existen pautas que se deben cumplir y respetar, poco a poco comprenderán que sus actos tienen consecuencias de las cuales tienen que responsabilizarse. Para ello, los límites que vayan imponiendo los adultos deben ser estables y consistentes, es decir deben explicitarse y sobre todo cumplirse.
A medida que los niños crecen, los padres deben asignarles tareas que estén a su alcance, dándoles la oportunidad de sentirse útiles en el seno de la familia a la vez que ejercitan su sentido de responsabilidad. En este marco, cuando los niños se equivocan, los padres deberán tomar la equivocación de un modo positivo, considerando al error como una instancia de aprendizaje, no como un fracaso o una falla del niño. De este modo, podrá no solo enmendar aquello que no resultó como se esperaba, sino comprender que todos cometemos errores y podemos enmendarlos y aprender de ellos una lección que será útil en el futuro.
Poco a poco el niño irá incrementando la confianza en sí mismo y los padres podrán otorgarle mas responsabilidades y poder de decisión, siempre respetando su edad y capacidad.

 
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